viernes, 24 de enero de 2014

Hacer el amor o coger


Hacer el amor o coger

Anoche, viendo un programa de Stand Up, salió una frase que me puso a pensar sobre las diferencias entre hacer el amor y coger... 

Existen numerosas razones por las que éste warro enmascarado prefiere coger a hacer el amor, no las voy a enumerar todas, pero si pienso marcar las diferencias entre una y la otra.

Hacer el amor es un acto sublime, la fusión de dos cuerpos y almas en un acto demencial voluntario, donde no importa lo que sucede, ni cuánto tiempo dura. Es la entrega y rendición total de dos semidioses mitológicos, que con ese acto encienden la llama de celos del mismo Zeus.

Hacer el amor es  un todo, es lo que antecede al contacto de los cuerpos, es lo que pasa mientras se funden los cuerpos en uno solo y es lo que viene después de la corrupción de la carne.

Hacer el amor es desintegrarse, separarse del alma y dejar que viaje en compañía de la otra persona, para al final reconstruirse uno al otro, sin importar los qué’s, cómo's, cuándo's y para qué’s.

Hacer el amor es ver, oír, tocar, oler  y saborear por primera vez  el gusto agridulce de la transpiración a través de los latidos fundidos de dos corazones.
Así es, todo eso es hacer el amor.  ¿Entonces, qué le pasa al warro enmascarado?  ¿Cómo es posible que prefiera coger a hacer el amor? - Se preguntarán quienes se han atrevido a llegar hasta este punto de mi pobre ensayo.

Sigan leyendo y quizá algunos entiendan mis razones.

El hacer el amor se pervierte, en el momento en que se hace de manera consciente, en el momento que se busca el placer y no el sentimiento.  Exacto, he ahí la maldita razón por la cual prefiero coger a hacer el amor, buscar el placer de la trompuda en cuestión, llevarla a un estado completo de éxtasis, donde esté en conexión completa consigo misma, se olvide de quién está con ella y rompa en un orgasmo cósmico.

Me imagino la cara de sorpresa que tienen algunos en este momento, pero entiéndanme un poco, desde mi perspectiva real en el momento que una lengua toca un genital, se pierde la magia de que rodea el sublime acto de hacer el amor. El sexo consciente o el coger, la búsqueda del placer es el fin último, el satisfacer y ser complacido a través de reacciones puramente bioquímicas.

En el acto de hacer el amor, no importa el tiempo, poco o nada interesa si dura uno, cinco o diez minutos; no importa el tamaño, si es el #Jodido es pitochico o la trompuda vagina guanga; no importa si el susodicho es eyaculador precoz o si la vieja es frígida, ya que no se busca satisfacer una necesidad biológica y química que sólo se obtiene mediante el coger.


No voy a negar que éste warro disfruta de hacer el amor de vez en cuando, pero lo mío es coger y me declaro en una cruzada permanente en busca del placer de la trompuda que gusta estar conmigo.